Spirit, el corcel indomable
Canción de entrada, cuando nace Spirit:
Heme aquí!
Éste soy...
llegando libre al mundo sin temor.
Mi valor y juventud...
me traen al hogar que me dá luz.
Otro mundo que despierta...
Vive aquí un latido de alma nueva.
Este día, esta tierra...
que me está esperando.
Heme aquí!
Es otro mundo que despierta.
Vive aquí el latido de alma nueva.
Sí!: éste día, esta tierra...
que me está esperando.
Heme aquí!
Gràcies al nostre amic Toni d'Aguila del Norte que ens ha fet arribar aquest tresor!
http://aguilanorte.ning.com/
Las caricias de Sutja

No dejan de sorprenderme las reacciones de los caballos y cada una de ellas bien analizada una lección aprendida.
Os cuento la última experiencia que tuvimos ayer por la tarde; estábamos sentados en la hípica hablando de nuestras cosas, cuando entró un padre empujando la silla de ruedas de su hijo, un muchacho de unos diez años. Pidieron permiso para acercarse a los caballos y mientras Josep M les respondía a las preguntas, se interesaron por la equinoterapia, me llamaron, fui a buscar una tarjeta por si se decidían ponerse en contacto con Carla, etc..
Mientras su padre y yo hablábamos observe esos enormes ojos llenos de curiosidad y de luz que miraban a Sutja, una enorme yegua Frisona. (He de decir que el sentado en la silla de rueda no era más alto que las patas de la yegua). Entonces, toque a Sutja y le dije: mira qui t’ha vingut a veure un nen molt maco que vol ser el teu amic! (mira quien ha venido a verte, un niño muy bello que quiere ser tu amigo) la acaricie levemente i ella volvió su cara hacia él. El muchacho empezó a tocarla muy suavemente, me preguntó cómo se llamaba y le dijo un par de veces Sutja. Ella bajo su cabeza se dejó acariciar, la cara del joven era un indescriptible, a cada caricia más se le acercaba Sutja. Tan grande pero con una delicadeza extrema, bajo su hocico hacia sus piernas paralizadas y con él, acarició sus pies, sus piernas… Preguntó a su padre ¿qué me está haciendo?, el padre no pudo responder….
El hocico de los caballos es la parte más suave que poseen, tiene la textura del “vellut”"terciopelo" acompañado del aire caliente de la espiración hace que el contacto con esa parte, sea una de las más estimuladoras, cálidas y delicadas. Cuando conectas su respiración con la tuya y las dos se hacen una, te hacen sentir cálidamente acogida en su enorme corazón.
Sé que el muchacho sintió que le acariciaban las piernas y que sus pies estaban llenos de vida, lo vi en su cara entre llena de emoción y confusión, se que a nivel físico es improbable, pero Sutja llego a lugares que van mucho más allá de lo físico.
Los buenos resultados de este tipo de terapias entre muchos otros factores, radica en que gracias a la calidad amorosa de los caballos se consigue llegar hasta las partes más recónditas de nuestro Ser, rescatarnos, conectarnos, reconfortarnos, hacernos sentir vivos….
Enormemente agradecida por aprender, por mostrarme tantas y tan bellas experiencias
La naturaleza en el corazón I parte

Nuestros hijos crecen alejados de las enseñanzas que la naturaleza puede ofrecerles. Eso dispara unos síntomas que los médicos catalogan de déficit de atención o hiperactividad. Pero lo que sufren, en realidad, es un trastorno por déficit de naturaleza. Para cambiar su futuro, es urgente recuperar el amor por el mundo natural.
El verano pasado, Joe, nuestro guía de pesca de Milwaukee, Estados Unidos, sugirió que nos agarráramos. "así tendremos la forma de un gran animal con un montón de patas", dijo Parecía una recomendación sensata, pues a través de la abierta llanura, en la isla Kodiak de Alaska, un oso venía corriendo, así nosotros. Era un oso pardo Kodiak, el carnívoro de mayor tamaño del mundo, un animal que puede pesar hasta 800 kg y desplazarse a más de 50 km por hora.
"Alejémonos del agua" dijo Joe. El oso pasó ante nosotros y se metió de un salto en el recodo del río donde habíamos estado pescando. Joven, pero imponente, el animal empezó a propinar zarpazos a los salmones migratorios. De vez en cuando alzaba el hocico, movía la cabeza arriba y abajo y nos miraba para, a continuación, reanudar su pesca.
Una mirada a Matthew mi hijo de dieciséis años, que agarraba con fuerza el spray de pimienta defensivo. Sentí el arrebato de gozo que superó con creces mi preocupación por nuestra seguridad. Me sentí contento de que Matthew pudiera vivir una situación tan llena de belleza y humildad. "Esto hace que las clases del colegio me parezcan menos importantes" comentó en ese momento.
Entonces recordé que años atrás Mathew me había preguntado muy serio: "Papá ¿por qué todo era más divertido cuando tú eras niño? Siempre hablas de tu bosque, de tu cabaña en el árbol, y de cómo solías pasear a caballo cerca del pantano". Al principio, pensé que estaba harto de escucharme pues acababa de contratarle cómo era lo de coger cangrejos en un riachuelo. Como muchos padres, tiendo a idealizar mi propia infancia, y quizás ignoro con demasiada facilidad las experiencias de juego y aventura de mi hijo. Sin embargo Matthew tenía la sensación de haberse perdido algo importante. Y no se equivocaba.
Durante siglos, los seres humanos pasaban en la naturaleza la mayor parte de sus años de formación. Pero, en unas pocas décadas, la forma en que los niños entienden y experimentan la naturaleza ha cambiado radicalmente. En los años cincuenta, nadie hablaba de la lluvia ácida o de os agujeros en la capa de ozono. Sin embargo, o conocía muy bien mis bosques y mis campos, cada recodo del riachuelo y cada hoyo en los caminos de tierra.
Hoy, es posible que un niño pueda hablarnos de la selva amazónica, pero no de la última vez que se hizo una excursión por un bosque o que permaneció en un campo tumbado, escuchando el viento y mirando el paso de las nubes.
Los padres aducen varias razones al hecho de que sus hijos pasen menos tiempo en la naturaleza del que pasaron ellos: un acceso cada vez más limitados a las áreas naturales, que los niños prefieran el entrenamiento electrónico o las presiones del tiempo, en las que se incluyan largas jornadas escolares y laborales.
El mundo de nuestros hijos, ilimitados en el ciberespacio, se está reduciendo en realidad.
Sin embargo, en este momento en que hay más niños que nunca desconectados de la naturaleza, es cuando la ciencia está demostrando lo importante que es, para un desarrollo humano saludable, un contacto directo con el mundo natural.
Necesitamos vivir en la naturaleza seguramente más de lo que nosotros creemos. Los psicólogos ambientales han constatado que los niños que pueden disfrutar de un reducido entorno natural, como el jardín de su casa o, simplemente una habitación con vistas a un paisaje, están más protegidos psicológicamente. Los niños con discapacitados perciben una imagen mejorada de cuerpo y demuestran cambios de comportamiento positivos gracias a la interacción con la naturaleza. Los estudios sobre programas educativos al aire libre dirigidos a jóvenes problemáticos muestran un evidente valor terapéutico.
Richard Louv- Mente Sana
La flauta travessera
Subscriure's a:
Missatges (Atom)


